Grabación en Estudio: Masterización

La masterización musical es un proceso fundamentalmente técnico en la mayoría de casos. Se trata de adaptar el nivel sonoro de una mezcla cualquiera a un estándar, a un nivel de escucha normalizado, al tiempo que se corrigen posibles excesos y defectos, equilibrando el balance armónico y su dinámica. Si bien resulta que ha dejado de estar tan normalizado en los últimos 20 años. La tendencia de la gran industria es conseguir másters cada vez con más y más volumen, con más RMS, más presión, más caña, más apretados, como se le quiera llamar. Aunque en el fondo eso supone una destrucción de la naturalidad de la música. Porque acaba con la dinámica. Sacrifica ésta en pos de mayor nivel de presión sonora, llegando en muchas ocasiones a la distorsión audible. Cierto es que en estudios con procesadores de alta gama es posible conseguir más volumen que con equipos modestos. En todos los casos es necesario saber dónde tenemos el límite y qué es lo que queremos conseguir realmente. Aquí sucede igual que al mezclar, dependiendo del estilo de la banda (y del productor) pedirán una cosa u otra. Debemos ser capaces de ofrecer lo que nos piden con la mejor calidad técnica posible, siempre informando de las consecuencias de cada decisión.

Lo ideal es que el ingeniero de mezcla sea distinto al de masterización, porque tener unas orejas frescas e imparciales ayudará a equilibrar el tono general. Si contamos con indicaciones del ingeniero de mezcla o el productor, podrán pedirnos que lo dejemos tal como está pero levantando el volumen, respetando al máximo el carácter dinámico. O puede ser que nos llegue una mezcla bastante desastrosa que pida a gritos un poco de cuidados.

Las herramientas básicas de que disponemos para la masterización son: ecualización, compresión (multibanda o monobanda), limitación y amplitud estéreo. Jugando con su aplicación en distinto orden conseguiremos distintos resultados, con lo que las posibilidades son muy amplias. Hay otras como reducción de ruido automatizada para casos en los que partes bajas de la canción tengan mucho ruido en frecuencias concretas. La expansión puede ayudarnos a relajar una mezcla muy apretada de la que queramos recuperar la dinámica. Incluso la reverberación puede ser útil en este punto, si quisiéramos conseguir, por ejemplo, la sensación de que los músicos están tocando en el mismo lugar. Terminado el máster puede ser de gran ayuda configurar un dither, un ruido de fondo que, básicamente, camufla al oído la distorsión generada por el cambio de profundidad de bits, generalmente mayor durante la grabación y que necesita convertirse a 16 bits para los CDs. Una vez terminado todo este proceso es importante comprobar el DC Offset, que es, muy a grosso modo, la tensión eléctrica de base sobre la que se graba o reproduce algo. Al grabar esto genera una limitación del rango dinámico y al reproducir algo similar, añadido a una posible distorsión si estamos llevando las bobinas al límite de su potencia. Sucede por imperfecciones en los convertidores A/D y circuitería defectuosa en etapas de amplificación, que permiten el paso de una pequeña corriente continua cuando sólo deben dejar pasar corriente alterna (muy básicamente; en este artículo está más detallado).

Al igual que todos los anteriores, la masterización es un proceso artístico, quizá el que menos, pero en nuestra opinión no se puede recurrir exclusivamente a criterios técnicos: es necesario mojarse, escuchar como quien escucha música en su casa, y buscar la configuración que más nos agrade (o nos emocione, llegado el caso).

Y hasta aquí la serie de artículos sobre nuestra visión de la grabación en estudio. Esperamos que os hayan resultado de utilidad o que al menos os haya parecido un punto de vista interesante. Como conclusión nos gustaría dejar una reflexión: que el sonidismo y en general cualquier campo del audiovisual trata de utilizar la técnica para llegar a las emociones. Por eso esta profesión es tan interesante y bella.

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